Taituri
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22 de junio de 2026

De una tienda de toppers a Taituri: por qué construimos esto

Taituri no empezó como “una idea de SaaS”. Empezó en Creación Celebra, una tienda de toppers de tarta personalizados, con un problema muy de andar por casa.

El problema, tal cual

Los clientes escribían por WhatsApp: “quiero un topper para el cumple de mi hija, temática unicornios, que ponga su nombre”. Y entonces empezaba el baile: proponer ideas, mandar referencias, “¿y más rosa?”, “¿le pones purpurina?”, ajustar, reenviar… hasta dar con el diseño. Cada venta, una conversación artesanal de ida y vuelta.

Funciona —y es bonito, porque es cercano— pero no se puede clonar. Más pedidos = más horas pegada al móvil. El cuello de botella eras tú.

La pregunta que lo cambió todo

“¿Y si la propia conversación de WhatsApp diseñara el topper con el cliente, le enseñara varias opciones al momento, y le cerrara la compra?”

La IA generativa hacía posible la parte “mágica” (proponer diseños al instante). Pero al intentar montarlo de verdad descubrimos lo que ya hemos contado sin filtros en este blog: que entre “la IA me da una imagen” y “una tienda puede ofrecer esto a sus clientes” hay semanas de ingeniería, permisos de Meta, cumplimiento legal e integración con la tienda.

Por qué se convirtió en Taituri

En cuanto resolvimos esa montaña para nuestra tienda, fue evidente: cualquier tienda que personaliza productos tiene exactamente el mismo problema —pastelerías, regalos, detalles, manualidades. Todas viven el mismo baile de WhatsApp.

Así que lo que construimos para Creación Celebra se convirtió en Taituri: una plataforma para que cualquier tienda ofrezca a sus clientes diseñar su producto y comprarlo por WhatsApp, sin tener que montar nada de lo difícil.

El espíritu

El nombre lo dice: taituri es finés para “maestro de un oficio”. No queríamos una máquina fría que escupe imágenes; queríamos llevar el trato artesano de una tienda pequeña —el “diseñamos esto juntos”— a una conversación que escala.

Creación Celebra es nuestro cliente número uno. Y la prueba de que esto nace de una necesidad real, no de una presentación.

— El equipo de Taituri